EL CINE QUE SOY: COLOSSAL, EL INDESTRUCTIBLE, “…ESTÁ EN TI O EN MAYBELLINE”



Atención #spoiler.
 Atención #spoiler.
Atención #spoiler.
Atención #spoiler.
Atención #spoiler.
Si piensas ver esta película, no leas este artículo (o si te da igual, léelo, pero luego no digas que no te lo avisé), y viceversa. Si piensas leer este artículo, no veas la película (o quién sabe si después igual tienes más ganas todavía).


Se supone que el argumento nos lanza a una mujer, Gloria, con problemas existenciales, que vive en New York con y a costa de su novio, figura paternal y centrada cuya estabilidad emocional y económica se pregunta un buen día, ¿qué hace aguantándola? (Nótese el cinismo).
La prota, perdida y alcohólica, vuelve a la Ítaca familiar para intentar tomarse un respiro. 
Allí se encuentra con un viejo amigo de la infancia, Óscar. Óscar es propietario por herencia legítima del bar temático de sus padres y como se verá casi al final de la película, un poquito psicópata, que, como todas las buenas psicopatías, nunca van solas. Le acompaña un hermoso síndrome de Diógenes acentuado por el abandono de la mujer que amó seis años atrás, (todo ello descubierto en un estado avanzado del film).
Este viejo amigo, en apariencia de aspecto tranquilo y afable le ofrece trabajo en su bar. 
Como todo buen argumento que se precie, los problemas no tardan en aparecer. Se supone que, después de una o dos noches de borrachera con el dueño del bar y sus amigotes del pueblo de toda la vida, se despierta resacosa por la llamada de su hermana y se entera de que en Seúl ha aparecido un monstruo, salido desde una especie de nebulosa acompañada de truenos y relámpagos. Y no, no es un fake. 
Por una serie de observaciones conductuales de su personalidad y unas analepsis(si quieres saberlo, ves a ver la película porque no es el lugar, ni el caso de reproducir el argumento por completo) se da cuenta de que el monstruo es ella.
Tras más flashbacks por lo visto, estaciona las apariciones en un parque de la ciudad a las 8:05 a.m. Y siempre es a la misma hora. 
Con la consecuente alteración mental que ello le provoca, intenta demostrarse que, efectivamente el monstruo que aparece en Seúl es ella. Y lo es. (Ya lo veréis, si queréis. No seáis impacientes, insisto).
Fuente imagen:
everythingmoviereviews.files.wordpress.com

Pero no solo eso, sino que, además, lo intenta demostrar con los amigos. Y… Vigalondo (el guionista y director de la peli…), no se queda ahí ¡Óscar también es otro monstruo! Esta vez es un robot.
La película transcurre de enfrentamiento en enfrentamiento entre Gloria y Óscar. Sus dos monstruos aparecen y desaparecen en el parque, que en realidad es Seúl, como una especie de metáfora de sus dos personalidades (o así lo interpreto yo, en una de mis interpretaciones posibles) enfrentando sus realidades por duplicado. 
A todo esto, el personaje de Gloria, como no tiene suficiente con ser mentalmente inestable, estar en el paro, problemas con la adicción y un novio que se supone la ama con ese punto canalla de amor quijotesco paternalista, repito, como si no tuviese suficiente con todo eso, se lía con el mejor amigo de Óscar. Un tipo bien parecido, de cuerpo escultural y conversación inexistente, también conocida como personalidad pusilánime.
Y claro. Imagínate tú. Ese es el punto de inflexión para acabar de cocer el monstruo que dormía dentro de él. (¡Que se le escapa su última oportunidad de ser feliz!). A partir de ahí suceden una serie de catastróficas desdichas y amenazas varias entre Óscar y Gloria, entre sus alter egos y sus monstruos en Corea del Sur. Todo un espectáculo digno de mención en el que el psicópata, encarnado en Óscar el barman, hace responsable a Gloria, como la mujer (género y situación extensible) culpable de todas las muertes que, a partir de ese momento se sucedan en Seúl.
La película acaba descubriendo a Óscar como un hater profesional (sobre todo de sí mismo). Gloria, por su parte, como pensadora divergente, tras otra casualidad, no se rinde. Vuela a Seúl para solucionar el estropicio. Desde allí, su yo real, lucha contra el Robot de Óscar y Óscar lucha en Estados Unidos contra el monstruo de Gloria que aparece por arte de magia en el parque.
¿Quién acaba ganando? Gloria. Gloria llega a comprender la potencia de su monstruo y coge a Óscar con el puño para acabar haciendo lanzamiento de disco profesional con él tras un insulto.

Fin.

Fuente imagen:
https://encincoestoy.blog
¿Qué podemos sustraer de la película? Interpreten ustedes. Unos dicen que el empoderamiento de la mujer. Otros hablan de guiños cinéfilos al cine Japonés. El propio Vigalondo aclara en una entrevista la realidad de los monstruos que todos podemos llegar a llevar dentro, de las relaciones tóxicas y cotidianas y su mezcla con ese cine de monstruos que acaba destruyéndolo todo de manera irracional. 
La verdad es que la intención era buena, pero los planos medios, el batiburrillo desmesurado de personajes alterados psicológicamente, el género ciencia-ficción-fantástico-acción mezclado con la idea de una superproducción, la verdad es que no trasmite el mensaje que, con idea buena, insisto, se ve que el director ha querido mostrar. 
Sé que se espera de mí un incisivo análisis, y creedme cuando os digo que me gustaría poder realizarlo, a ser posible, de tercer nivel de profundidad como mínimo, pero... no lo veo. Aunque quizás sea que soy yo...o que está en mí…en mí o en Maybelline. En su versión indestructible...¿Quién sabe?

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2 comentarios

  1. No sé que hacer, acojonas, antes o después. Quizás una bicefalia independiente e interconectada sería la solución.

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    1. Siempre lo he pensado. Lo de la bicefalia, digo. jajaja

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