LA SEÑORA ABBOT: TEJIENDO EL INCONSCIENTE Y SUS PATRONISTAS.

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
Efectivamente un violinista...3
El panadero y su falso positivo...
Alcohol, no gracias...1
Alcohol, no gracias...2
Alcohol, no gracias...3
El amanecer willkommen...
La señora Abbot y el pan...1
La señora Abbot y el pan...2
La señora Abbot y el pan...3
La señora Abbot y el pan...4
La señora Abbot, el nombre del violinista...1
La señora Abbot, el nombre del violinista...2
La perspectiva hace la forma...
¿Por dónde iba...?
Ventajas y desventajas...1
Ventajas y desventajas...2
La perfecta alineación de unos zapatos...
El trastorno borderline...
La señora Abbot se va de vacaciones
El crucero cruzado, información inesperada...
El triatlón, la función musical para público especializado...
La señora Abbot, la pajarita que jugaba al póker y el momento...
Muchas pajaritas para tan poca isla...
Logaritmos neperianos...
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor I
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor II




Fuente imagen:
knittingnoodles.es
La señora Abbot y el patrón inevitable de lo que vendrá.
La señora Abbot: tejiendo el inconsciente y sus patronistas.


Intenté calmarme, lo juro. Aquello era de locos. Una señora inexistente, (alucinación fuerte desde el punto de vista médico), me visitaba sin más. Ese era el estado de la cuestión. ¿Cómo creéis que debía estar? ¿Contenta? Pues no. Obvio.

–Ah, ¿no? Y, ¿por qué cree usted que no debería tomar medicación? –pregunté sibilinamente. Mis intenciones eran desconcertantes hasta para mí.
–Pues, niña...está muy claro. Porque la medicación no deja que accedas a este nivel neuronal. Bloquea tus sinapsis.
-¿Cómo?¿quéee?
–Nadie te lo confirmará, los estudios médicos no han llegado a ese nivel.
–¿Qué está diciendo?¿Cómo sabe usted eso?¿De dónde...?
–De dónde me he sacado la información y bla, bla, bla...–proseguía contestando con desprecio mientras miraba aquella especie de pergamino-bufanda de colores otoñales–. ¿Podemos centrarnos en lo importante?
–¿Centrarnos en lo importante? Pero, ¿usted es consciente de lo que me está pasando? ¿Sabe usted que una alucinación fuerte supone un trastorno más allá de lo que puedo asimilar? ¿Es consciente de lo que significa que usted misma sepa que es una alucinación?¿Me está pidiendo que me centre en lo importante y avance cuando todavía estoy asimilando que puede, solo puede- subrayé –que esté loca?
–¡No estás loca!-gritó contundente –. ¡Mírame, niña! –prosiguió con aplomo. ¡Tú no estás loca!¿Lo has entendido?
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-Sí..sí...– contesté bajando el nerviosismo a niveles de tensión cero–.
No deseaba hacerle perder los estribos. No hay estudios al respecto de las reacciones emocionales de las alucinaciones fuertes. (Y menos si llevan agujas de tejer...).

–No soy consciente de nada de lo que te pasa entre otras cosas porque...– hizo una pausa dramática que me pareció sacada de una película de terror –soy tu inconsciente.

Lo admito. No me pude contener. La carcajada rebotó por todo el salón subiendo sus gráciles tonos agudos por la escalera. El final del camino... los oídos de mi marido que se asomó al hall de la planta superior para decirme a la vez que bajaba por las escaleras:

–Veo que estás empeñada en que no duerma nadie. Igual ni los vecinos.

Suerte que en la mesita del salón, justo al lado izquierdo de donde me hallaba sentada, se encontraban las bombas de intuición de Dennett. Disimulé como si fuera titulada en arte dramático, abriendo las hojas antes de que se percatase de mi no-lectura real.

–¿De qué te estás riendo?– preguntó frotándose los ojos.
–Pues de qué va a ser –dije cerrando el libro–de un párrafo que he leído –concluí disimulando a modo de disculpas por haberle despertado.

Al levantar la vista, volví a mirar de soslayo. Mi bisabuela había hecho mutis por el foro en mi particular teatro.







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