LA SEÑORA ABBOT: JANA SI VUELVES, CÉNTRATE EN LOS DETALLES, POR FAVOR II

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
Efectivamente un violinista...3
El panadero y su falso positivo...
Alcohol, no gracias...1
Alcohol, no gracias...2
Alcohol, no gracias...3
El amanecer willkommen...
La señora Abbot y el pan...1
La señora Abbot y el pan...2
La señora Abbot y el pan...3
La señora Abbot y el pan...4
La señora Abbot, el nombre del violinista...1
La señora Abbot, el nombre del violinista...2
La perspectiva hace la forma...
¿Por dónde iba...?
Ventajas y desventajas...1
Ventajas y desventajas...2
La perfecta alineación de unos zapatos...
El trastorno borderline...
La señora Abbot se va de vacaciones
El crucero cruzado, información inesperada...
El triatlón, la función musical para público especializado...
La señora Abbot, la pajarita que jugaba al póker y el momento...
Muchas pajaritas para tan poca isla...
Logaritmos neperianos...
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor I
La señora Abbot: Jana, si vuelves, limítate a los detalles, por favor II






Fuente imagen:
julialillard.tumblr.com
Título: trifocals
–No se te ocurra decirle que me están viendo –soltó sin avisar.

¡Me hablaba! Además, de verla ¡me estaba hablando!¡Alucinaba! ¡Estaba alucinando! Aquella señora se dirigía a mí con una tranquilidad pasmosa.
Por la profesión del señor Abbot y algunos libros que leí al respecto en mis años de carrera sabía a ciencia cierta que aquello era una alucinación catalogada como "fuerte".  Pero para mí ¡se mostraba tan real!
No tardé en contestarle. Mi falsa sensación de seguridad al catalogar la visión me jugó una mala pasada.
Con las alucinaciones fuertes no se habla si estás en compañía "real". (Eso es de primero de carrera de trastornos divergentes apofénicos).

–¿Cómo dice? –titubeé.

–¡Con quién estás hablando! –exclamó molesto–. Obviamente no me dirigía a él, pero la situación que se daba no podía ser otra que la de pasar por el aro y concluir con una mentira piadosa.
–¿Cómo? ¡Ah nada! Pensaba que me decías algo – acabé la frase disimulando.
–Pues no te he dicho nada. Apaga la luz, haz el favor.
–Es que...

Casi se me escapa la verdad. Quería salir ella sola. Como si fuese autónoma bailarina entre mis dientes. La oía silbar. Pero "la aparición" insistió:

–No le digas que me ves. Sabes que vais a tener una fuerte discusión... Y no va a ser una alucinación. ¿Quieres discutir a estas horas?– me advertía sin levantar la vista de su quehacer con las agujas y la lana.

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lamaisonbisoux.wordpress.com
Un momento, ¿cómo ha sabido lo de la alucinación?, pensé cambiando el frame. ¿Cómo sabe lo que pienso? Si ha dicho eso es porque sabe que es una alucinación. Y eso,¿cómo se hace? ¿Desde cuándo una alucinación sabe que es una alucinación?Que estoy,¿meta-alucinando?–me preguntaba sin poder parar de ver pasar también los signos de interrogación por mi cabeza.

–Jana ¿quieres hacer el favor de apagar la luz?¿Qué te ocurre?– interrumpió mi marido, visiblemente molesto.
–¡No! – exclamé –. Es que...– repetí buscando una excusa – voy a leer un poco, no tengo sueño...
–Bien –contestó. Suspiró y se dio media vuelta con gesto disgustado a fin de que la luz no le diese en la cara directamente. 

En ese momento, por su posición, de haber existido realmente la viejecilla, la habría visto sin remedio. De haber existido, claro. Yo me decía a mí misma que no era real, pero...la veía tan nítida como si lo fuera y ya...para rematar, el hecho de que me hablase y ella misma supiese que era una alucinación, me convertía en un lego desmontándose ante el choque frontal de su último viaje contra el suelo.
Aun cuando las lecturas al respecto relataban con detalle todos los síntomas y situaciones posibles,  ¿cómo podía ser?, me cuestionaba una y otra vez volviendo al punto de partida para llegar a la  misma conclusión sin variaciones.
 Nada puede prepararte para algo de estas características. Os lo digo yo.


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