1ªSESIÓN DE ENTRENAMIENTO CONFIDENCIAL II.



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-No, no, por favor, siéntense uno enfrente del otro. Gracias. Forma parte de la sesión- Dijo sin darle mayor importancia.

Así lo hicieron. Se sentaros y siguiendo las primeras instrucciones de la "entrenadora" encendieron los ordenadores portátiles. Solo podían ver sus manos y entrever sus rostros a través de las pantallas. El hándicap de ver su propia sombra también formaba parte de la escena de juego, pero eso ellos no lo sabían, ni lo averiguarían hasta mucho más tarde.

-¿Han leído el acuerdo de confidencialidad?
-Sí, contestaron al unísono.
-¿y?
-Sí...bueno, algunas cosas no las entiendo...

La entrenadora desplegó una gran sonrisa. Aquello era lo más normal. Un acuerdo de confidencialidad, que incluía no desvelar el nombre del entrenador y obligarse a reconocer que después de aquel curso no la conocían, era, para qué vamos a mentirnos, realmente raro. Pero...así tenía que ser, por su propia seguridad y la de los suyos.

-Es normal- aceptó abriendo los brazos- Si no estás de acuerdo, no deberías firmarlo y si no lo firmas ahora y aquí, es mejor que no sigas. La consecuencia directa es bajar en la escala,  ya lo sabes.- contestó con una amplia sonrisa maliciosa.
-No hay opción, ¿verdad?- preguntó.
-No.
Por un lado, no quería seguir pero por otro, ¿bajar de categoría? ¿en serio? Con lo que le costó llegar...Además, pensó, se supone que esto lo hacemos para mejorar en nuestras funciones ¿Por qué no ampliar el horizonte?

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-Entonces... firmamos.
-Muy bien, me alegra tu decisión.
-¿Cómo lo hacemos? No he traído la copia.
-¿Ve el lector digital que posee el ordenador en el que se ha colocado?-preguntó removiendo las fichas que tenía delante.

Giró la vista y, efectivamente. Un lector de huella digital en la esquina inferior derecha.

-Sí. Veo- contestó frunciendo el ceño.
-Si desliza su pulgar por ese lector, el ordenador registrará inmediatamente su huella digital. Ese es el primer paso para tener acceso al ordenador, al contrato de confidencialidad y a la aceptación tácita de todo cuanto vayamos a trabajar aquí.

Miró a través de la pantalla. Apenas podía distinguir a su compañera. Sin embargo, sus manos, posicionadas estratégicamente, le mostraron la carencia de dudas. Vio como su pulgar se movía, ajeno a él, lentamente... en la dichosa esquina. Estaba hecho.

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