EL MISTERIO DE LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE PERLA II

EL MISTERIO DE LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE PERLA II


La abuela Angie llevaba más de cinco años en cama. Todos la desahuciamos el tercer año, pero ella, se encontraba en sus plenas facultades mentales y seguía siendo elocuente en sus conversaciones. Lo único es que, le fallaban las piernas y por ello, sus diez hijos tuvimos que ocuparnos de ella.
La granja siempre había sido su refugio. Desde su primer matrimonio con aquel acaudalado terrateniente (descendiente de una estirpe de irlandeses con olfato para los negocios) la familia se instaló en ella.
Ó Conaill, irlandés de pura cepa, disponía de una gran fortuna y, aunque la tierra y el ganado no eran santo de su devoción, ciego de amor como suele decirse, siguió a su esposa hasta donde ella consideró. 
Por aquel entonces la abuela Margaritte Angelica aportaba al dote ya dos hijos de una alocada juventud, 1Sandy y 2George. Nadie supo nunca quién era el padre de ambos, porque eso sí,  la abuela también procreó en su juventud, no por fornicio desmesurado y desequilibrado, sino por amor. Lo que ocurre es que él, el padre de sus dos primeros hijos desapareció misteriosamente y como castigo (hacia él), jamás desveló su nombre.
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Poco después conoció al abuelo Ó y a él le siguieron otros seis matrimonios. Seis veces desposada y las seis veces, se quedó viuda, que ya es mala suerte.
A pesar de viuda...acaudalada, que, tampoco estaba mal.
Vinimos con el gen instalado, no se sabe muy bien porqué, de devoción por la naturaleza. Ninguno tuvimos suficientes luces como para dedicarnos a labrarnos una carrera fuera de aquella granja y, madre, única mujer inteligente por los alrededores, lo sabía. Lo sabía y dice siempre que tiene un plan...que ya ves...¿qué plan podrá tener? Cosas de vieja, supongo.
A lo que iba, 3Gertrudis es la primogénita oficial. 4John y 5Jack gemelos fruto de su segundo esposo. Un abogado, albacea del testamento y amigo personal del abuelo Ó, que consideró interesante, no permitir que, una mujer con su talento específico para la independencia en los años treinta en aquellos parajes, se quedase viuda y sola.
De su unión surgieron 6Anne, 7 yo mismo, Diddo  y 8Samantha. 
Al fallecer dicho abogado tras una fuerte discusión que acabó en disparos como en el lejano oeste y con su vida, la abuela enviudó, obviamente, de nuevo. Tres años después de un más que justificado luto, volvió a contraer nupcias con el banquero del pueblo. Un joven titulado en Harvard que la rondó durante meses y que, se cree, vio en ella, la madre que nunca tuvo. 
Al menos eso es lo que creyeron en el pueblo, porque, de otra forma, nadie comprendía, confieso que yo tampoco,  como un hombre de su potencia, cayese en manos de la abuela, mujer curtida por los años. Esto último lo pensaba, sobre todo,  la señora Doght, mujer del párroco, directora de opinión y  cotilla titular del equipo de cotillas del pueblo.


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Con Andreu, mantuvo una larga relación marital que duró diez fructíferos años hasta la gran depresión. La que adoptó el esposo al ver que no podía tener descendencia. Nadie discutió, como era normal que, el problema era de él, a lo cual, respondió su mente, con un suicidio. Todo muy lógico por otra parte.
y¿adivinas quién fue el cuarto marido para la abuela y regocijo de chismes en el pueblo? Efectivamente. El padre de Andreu.
El padre de Andreu. Viudo de 20 años. Al aparecer en la granja para el funeral de su hijo, se obcecó de tal manera con nuestra Margeritte que, no tuvo más remedio que, desposarse con él, un año después.
El padre de Andreu, era uno de los judíos más influyentes de los lobbies norteamericanos. También claudicó ante la romántica idea de vivir en una granja y se instaló rápidamente. Aunque por negocios, pasaba largas temporadas fuera de allí,  tuvieron dos hijos más 9Malena y 10 Emilio, nombres hispanos, en honor a los abuelos españoles del esposo. Estos serían los últimos  hijos de Angie, que rozaba la cuarentena y se negó a traer más hijos al mundo. Ya había cumplido suficientes, años, digo.  Y con lo coqueta que era ella, mantener la línea  con tanto hijo era algo complicado. Dijo no. No más hijos. 
Su judío descendiente de españoles, murió pocos años después, de muerte natural. Era mucho mayor que Margie y falleció plácidamente en una habitación de hotel, en uno de sus múltiples viajes de negocios. No sin antes cerrar el mayor trato de su vida con piedras preciosas.
En los intercambios comerciales fue donde la abuela conoció a sus dos siguientes esposos que apenas le duraron 2 años cada uno. El primero murió en un ataque terrorista en Somalia y el siguiente murió nada más casarse, en la noche de bodas, tras un ataque al corazón. No se cuidaba demasiado.
Así la lista quedó en:


  1. Ó Conaill
  2. Abogado
  3. Andreu 
  4. Padre Andreu
  5. Sin importancia 1.
  6. Sin importancia 2.


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-¿Por qué me cuentas todo esto papá?
-Tú me lo pediste.
-No, yo no te pedí que me relatases mi árbol genealógico.
-¿ah no?
-No, yo solo quería saber cómo es posible que, con todo el dinero que heredaba la abuela de cada uno de sus maridos "ricos" nosotros no hayamos visto ni un penique.


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