ALEJANDRA TOC, TOC, LA BUENA EDUCACIÓN DE LOS MONOS, LAS FALDAS ENTUBADAS Y EL CHAROL.

Relatos de la serie Alejandra y los caracoles
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Vestía una falda entubada negra, camisa blanca de seda con bolsillos plisados y abotonada hasta el cuello. Su expresión facial deseaba aparentar una ejecutiva agresiva. Sin embargo, y sintiéndolo mucho, la sonrisa en abierto daba pistas de su felicidad. En los pies, tacón de aguja negro charol, plataformas de equilibrio y comodidad inauditos para ser, "ese" tipo de zapato.

Al llegar a recepción su segundero alcanzaba las siete en punto. Preguntó por la tal Ana. 
La recepcionista que todavía no había entrado en la jornada de trabajo (ni siquiera en el mundo laboral), le demandó más información.
Se le notaba a la legua que su noche no había sido grata porque sus ojeras tenían forma ovalada y el color negro verdoso daba la impresión de formar parte de su gesto con demasiada frecuencia. Pese a ello cogió el micrófono inalámbrico a cámara lenta para colocárselo en la oreja, esperó tres o cuatro segundos y pulsó en la pantalla táctil de la tableta digital que tenía dispuesta en su mesa de trabajo.

-Sí, ¿Maite? Está aquí Alejandra Monte Fuentes.-Se hizo el silencio durante más tiempo del deseado por parte de la entrevistada-Vale. Puedes subir séptima planta- concluyó sin más.

Alejandra, confundida,  se volvió para coger el ascensor. Esperó pacientemente a que el iluminador de los números indicara la llegada a la planta baja y entró. En menos de diez segundos la dejaba en el piso indicado.
Nada más salir la tal Maite, la esperaba rígida en el descansillo.

-¿Alejandra?
Fuente imagen: naitlitmag
-Sí.
-Encantada. Soy Maite, la secretaria personal de la señora Ana Sansaloni. Te está esperando.
Su conversación era seca, cortante como el filo de un folio y segura.
- Varias cosas que debes saber al hablar con la señora Sansaloni. No la interrumpas. No se te ocurra, bajo ningún concepto, dar las gracias y sobre todo- se paró durante unos segundos para girarse- sobre todo-recalcó- no le estreches la mano al presentarte. Esto último no es una indicación es una orden. ¿Entendido?

-Sí- contestó Alejandra agachando la mirada. Observó que le temblaban los anillos porque tintineaban al golpear sus dedos helados.

Y llegó el momento...
La muy eficiente secretaria tocó dos veces la puerta por cortesía profesional antes de entrar. La buena educación la llevaba de serie. En las gafas y en el moño, se le veía de lejos.

-¡PASE!.

Aquel chillido no auguraba nada bueno.
Si son las siete de la mañana y ya tiene así de entrenados los pulmones..., no sé cómo llegará a la hora de la cena, pensó pesimista.






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