LA CHICA DEL TIEMPO VI.CONDUCTORA NOVEL I

-Lo que te voy a decir...bien...casi mejor que vayamos fuera y lo compruebes...- decía recorriendo el ancho de la habitación una y otra vez.

Se podía palpar que  intentaba organizar las ideas de modo sintético, colocándolas lo mejor posible en oraciones gramaticalmente correctas. Pese a su cuidado en hacerse entender,  su discurso distaba mucho de la coherencia pretendida y Mario la observaba perplejo.

-¿No podemos hablarlo aquí?
-No, ven...esto...es que llueve cuando, cuando, cuando...uff- si lo transmitía, tartamudeaba- Tenemos que ir fuera y así lo verás. Es que no te lo vas a creer...no, no...afuera...fuera.. lo verás todo, todo, todo claro...-insistía clavando la mirada en su marido. Claramente se intuía que no hablaba con él. Más bien consigo misma trasladando la preocupación.

Fuente imagen: saatchiartonline
El día, nublado desde primera hora, amenazaba con soltar la lluvia abriendo el grifo entre los nubarrones, sin embargo no caía gota alguna.
A medida que recorrían la casa para salir al jardín, comenzó un concierto de truenos. Leves al principio, lejanos y retardados, pero, a medida que Lucía se acercaba a la puerta, los sonidos estridentes, anunciaban catástrofe en forma y contenido.

-¿Qué?¿qué es lo que querías que viese en el porche?-preguntó cruzando los brazos

Lucía permanecía callada. Mirando hacia el suelo, observó que Mario no llevaba zapatos.

-Deberías ponerte calzado, te vas a mojar los pies- soltó cambiando de tema
-y ¿eso?
-Espera un segundo...-esgrimió cauta.

Al instante de decir aquello, la lluvia inició su caída libre. De cero a cien en dos segundos. Un gran chaparrón les quiso empapar. Mario se resguardó rápidamente en la techumbre que hicieron construir un año atrás en la entrada de la casa. Sus pies no se libraron, sin embargo, de las gotas iniciales. Como si de un ritual se tratase, un aviso, un apunte que avisa.

-Uff, Lucía...¡ven, corre! ¡Vas a mojarte entera!
-¿No te das cuenta?- le preguntó visiblemente ansiosa y asustada (a partes iguales).
-¿De qué? ¿de que está lloviendo?-prosiguió Mario con naturalidad.
-De que soy yo la que atrae la lluvia.

La cara de Mario se alargó mostrando su típico gesto de asombro tridimensional.

-¡¿Qué estás diciendo Lucía?!
-¡Qué soy yo la que hace llover! ¡Hala, ya lo he dicho!






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