LA CHICA DEL TIEMPO VI. CONDUCTORA NOVEL III

Bruno Mars
Grenade

Ahora era él, Mario, el que comenzaba a sospechar de su lucidez. ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo? ¿Cómo era posible que su mujer pudiese controlar el clima? Tenía que ser una broma, una cámara oculta de esas...miraba enloquecido a todas partes

-¿Me estás tomando el pelo? Lucía si es una broma, es de muy mal gusto.

La posibilidad de que su marido creyese que le estaba engañando la enfureció de tal modo que los truenos y relámpagos comenzaron a intensificarse. Se hacía de día sin tregua. Caían atronadores una y otra vez, sin cesar.

-¿Cómo voy a hace eso?¡Explícame cómo puede alguien hace que llueva y truene, y relampaguee, siendo un truco de magia! ¡Vamos!¿No lo ves?- exclamaba indignada- Al finalizar su frase...llegó el granizo. Lucía era incapaz de controlarlo.

Fuente: design-milk
-¡Lo ves!- Lucía se rompió y lloró sin consuelo.

Como de lo único que estaba segura era de que, si no salía de casa paraba la tormenta, decidió volver al salón hasta que sus nervios se calmasen. Quizás así, dejaría de apedrearlo todo, pensó.
En cuanto entró, volvió la calma. Dejó de caer hielo en forma de granizo. Los truenos pararon y volvió la tarde.

¡Dios mío! Ha parado de llover. Ha parado de granizar... Estoy aquí...un momento-reflexionaba Mario organizando su mente-sale y llueve y entra y deja de llover, y por ese orden...¿Cómo... cómo coño...?, pensaba tapándose la boca que se le había quedado abierta de la perplejidad adquirida-¿Cómo iban a gestionar aquella situación sin volverse completa y absolutamente locos?

Su cabeza alcanzó la velocidad de la luz en esa hora, viajó a todos y cada uno de los escenarios posibles. Las consecuencias de aquella situación desbordante de incógnitas podían ser infinitas.
Lo primero que se le pasó por la cabeza era que, de enterarse el gobierno, es posible que la obligasen a hacer... es posible que la encerrasen. Punto. Tenían que protegerse, debían tomar precauciones, debían pensar una estrategia....
Mientras, ella ya más calmada, seguía entrando y saliendo de la casa en modo autómata. Llovía si salía y dejaba de llover cuando regresaba al interior.
Un cuadro surrealista,  absurdo, esperpéntico...lo mirases desde cualquier punto de la realidad.
En una de las últimas veces que salió antes de tener la certeza de que, al menos Mario lo incluía como posibilidad, le gritó:

-Mario, ¡Mario! Mírame, ¿Me crees ahora?- Temblorosa y empapada parecía querer llorar. Todo su cuerpo desplegaba un grito de auxilio mudo.

Unos segundos de silencio (exigidos por la situación) después, contestó desencajado:

-Te creo cariño, te creo...y eso... es un problema-susurró.

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