UN MONÓLOGO IMPENSABLE EN LA ESTRATOSFERA II


Relatos de la serie Alejandra y los caracoles
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Pues no. No se iba. Permanecía allí plantado a la espera ver salir a "la artista" por algún lado para hacerse el encontradizo. La seriedad de su rostro hizo que su amigo Antón sospechase acerca de él y por lo tanto de que la amenaza de la última no iba a ser la última.

-Otra Eusebio, haz el favor- le solicitó al camarero cuando se acercaba a la mesa para recoger lo que ya habían consumido.

David se recostó sobre el asiento y puso ambas manos apoyadas dedo a dedo en sus respectivos homólogos de la mano contraria. La expresión pensativa desapareció en el mismo momento en el que la vio salir por la parte lateral del local. Llevaba una chaqueta puesta y el bolso cruzado. Aquello significaba que se marchaba ya, con toda claridad.
Se levantó y se dirigió hacia ella, sin un ápice de duda. Disimular no le serviría de nada. Demasiado lista.
Alejandra no lo reconoció inmediatamente. Su caminar parecía cansado y los hombros alicaídos daban a entender que, además, no era un día para hablar de lo que David quería hablar.

-¡Hola!- exclamó nervioso al plantarse delante de ella- ¿Me recuerdas?
-Esto...perdona...es que no es un buen momento- contestó ella con amabilidad forzosa- estoy muy cansada y no...

Al devolverle de nuevo la mirada, su cara cambió. Ya sabía quién era aquel individuo que se cruzaba en su camino hacia la salida.

-Ya sabes quién soy ¿verdad?
- Hombre...Montenegro- contestó con desgana haciendo referencia a la información de la tarjeta que le deslizó en la barra el sábado anterior- ¿Qué quieres, Daniel?
-David...-corrigió.
-Sí, perdona David... es que estoy muy cansada y mañana debo levantarme temprano. Trabajo. Ya sabes.
-Sólo será un minuto, prometido- insistió con gesto infantil- te invito a una copa- comentó mientras se acercaba a la barra.

El camarero, como si supiese qué tomaban ambos, dispuso dos posavasos en la barra de madera maciza, no sin antes pasar el trapo para su rigurosa limpieza. Rellenó de ron con cola el de él y de zumo de piña el de ella.

-¿No quieres tomar nada más?
-No. Odio levantarme con dolor de cabeza por culpa del alcohol y más si tengo que trabajar. Perdón por lo del otro día... no suelo comportarme así en un día normal...
-No te preocupes-carraspeó- el sábado no es un día normal, comprendo tu rechazo inicial- prosiguió con rapidez... como si hablase solo. David no despegaba la mirada del suelo y su ácida verborrea, comenzó sin previo aviso - Que por otra parte no me extraña en absoluto. Y además, eres una mujer inteligente, demasiado joven creo yo, pero eso no es un hándicap para lo que nos ocupa, cierto es. Y tu belleza es una ventaja, la verdad. Debe destrozar los nervios tener que esquivar una y otra vez el abordaje indiscriminado de fauna indómita... vamos, pienso... si fuese yo...creo que la reacción habría sido exactamente la misma, debe se agotador ¿no es agotador? ¡Claro que es agotador! , no sé ni para qué lo pregunto, una pregunta retórica...no contestes... y para colmo, último año de filosofía, denota que tienes inquietudes... aún si hubiese sido primero...al que no le gusta abandona entonces..., en fin...debe dar muchos más problemas para entablar una buena conversación...créeme que sé lo que me digo... la noche es un lugar extraño... desde luego...

La expresión de asombro de Alejandra y su prolongada carcajada fue tan sonora como inesperada. Aquel bla, bla, bla se podría catalogar como  un monólogo humorístico personalizado, en toda regla. ¿Lo habría preparado para ella?

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