LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(IV)

LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(IV)

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
El paseo matutino 1

-No quiero hablar con usted.
-Lo sé, pero tendrá que hacerlo alguna vez.
-Nadie puede obligarme- contestó manteniendo una posición de alerta con una de las piernas ligeramente posicionada hacia atrás.
-No te podemos obligar, eso es cierto. Necesitas respuestas.
-¿Necesito yo o necesitas tú?Créeme, sé más de lo que puedo asimilar. Demasiada información en todos los lugares, y ahora que lo pienso...¿en qué momento hemos decidido tutearnos Don Ataúlfo?
-¿Cómo sabe mi nombre?¿Sabía que venía aquí?¿Qué quiere decir con "en todos los lugares"?
-Pues, ¿Por dónde quiere que empiece?- preguntó visiblemente molesta. - Saltándome el hecho de que desde esta mañana, al tocar el timbre de la consulta del doctor Quant, he visto un mendrugo de pan ennegrecido y los olores...y... esa sensación de saber que no tengo que hablar con...alguien...he visto un libro en el escaparate de la librería que se titulaba "Ataúlfo: el rey visigodo", la bolsa de pan de Eliot...el ahogo que me da estar dentro de una panadería...el maldito olor a quemado...
-Un momento¿Por eso sabes que me llamo Ataúlfo?¿he escuchado bien?Pero...eso es... ¡increíble!
-Lo he relacionado y ¡nada más! Todo. Mensajes de publicidad, textos escritos en muros...No quiero hablar más con usted. ¡No!
-Entiendo, entiendo- respondió Tau suavemente en un intento de retenerla para extraer de ella más información.

Por fin podría averiguar cosas que comenzaban a encajar en aquel puzle de locura.
-Pero, necesito saber cómo...¿Cómo hace para encontrarlas? A mí sólo me aparecen leyendo matemáticas, estudiando fórmulas, con las formas geométricas pero jamás...
-¿Encontrar el qué?
-Las señales.
-¿Qué señales? ¡Sólo son pensamientos relacionales! Por el amor de... ¡son ustedes hombres de ciencia!Y ahora si me disculpa, ¡me voy!

El Doctor Quant se interpuso en su camino impidiéndole continuar.

-Jana, sea usted razonable. Su caso es un caso extraño. Existen más personas como usted. Bien, yo no puedo hablarle de ello porque sólo conocía a Tau, pero...si usted quiere...

Al verse acorralada, decidió recuperar el pulso y la templanza haciéndose acopio de fuerzas. En el mientras tanto un coche circulaba por la calle con el volumen del equipo musical del automóvil superando claramente los decibelios permitidos en ciudad. La parte de la canción que pudo escuchar e identificó claramente como una señal decía:

-"...puede que, de la rabia haga mi voz y 
con ella mi bandera, 
sálvese quien pueda"...

En ese mismo instante, echó a correr sin mirar atrás. Ahora lo que olía a quemado eran las tapas de sus tacones.

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