LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(III)

LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(III)

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
El paseo matutino 1


Varios años de ventaja llevaba Atafúlfo, el panadero matemático.  Agazapado y en la sombra intentaba pasar inadvertido hasta que, aconsejado por sus parientes más cercanos, tuvo que visitar al Doctor Quant. En su mente solo cabía la opción de que lo declarasen "loco sin remedio". De esa forma, podría seguir su camino y avanzar en sus teorías e intuiciones, sin temor a ser descubierto. Era la coartada perfecta para evitar ser interceptado. La cautela y la prudencia eran una de las premisas que todo individuo como Tau debía tener en cuenta. Los contactos con otros como ellos eran remotos e improbables y se realizaban con mucha distancia en el tiempo y a través de medios poco convencionales. De hecho Tau sólo había tenido contacto con otros a través de símbolos matemáticos o publicaciones de ese gremio. Sin embargo, el hecho de que tuviese un ser de sus mismas características tan cerca, al panadero matemático le suponía una subida de tensión preocupante.

Fuente imagen: pinterest

-Estamos cerca ¿verdad?
-Sí, quizás me equivoqué respecto de  la distancia.
-Huele a pan. A pan quemado para ser exactos.
- ¿Sí?

Pasaron por una cafetería con los ventanales desproporcionadamente grandes como para ser ventanales. Y no era una percepción de Mafi, no señor. Mafi seguía de vacaciones. Esta novedad alteraba claramente los patrones que hasta ahora había adquirido. Su apoyo le fallaba y eso le ponía muy nerviosa.
En las 4 mesas de la cafetería que daban a dichos ventanales, varias personas sentadas en ellas, merendaban tostadas.
¿Tostadas?Quizás sea eso a lo que me huele todo el tiempo, pensó aliviada. ¿Todas las personas merendando lo mismo?, volvía a preguntarse de nuevo nerviosa.

Al girar la siguiente esquina de la calle para adentrarse hacia la derecha, su olor se intensificó hasta límites irrespirables. Jana tuvo que improvisar un pañuelo con la palma de su mano para evitar caer al suelo. Diagnóstico: asfixia inexistente.

-¿Jana? ¿se encuentra usted bien?
-Me ahog....me ahoggggo- decía escupiendo cada letra como si fuese la última-quemadooo, huele.
-Está bien Jana, está bien. Ya hemos llegado. No ocurre nada, es su mente. Es usted. Se está usted autosugestionando- continuó para tranquilizarla. Ambos sabían que aquello no era fruto de la sugestión-Respire despacio...tranquilícese- proseguía-No huele a quemado. Nada se está quemando...

En este momento Ataúlfo salió por la puerta del local ataviado con el gorro y delantal de trabajo. Se detuvo delante de ella mirándola fijamente con las manos llenas de harina.
Sin hacer absolutamente nada, el supuesto ahogo de la señora Abbot desapareció. Pasados unos minutos, interminables para el Doctor Quant, comenzó un extraño intercambio de información.




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