LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(II)

LA SEÑORA ABBOT Y EL PAN O DE CÓMO HAY QUE HACER CASO A LAS SEÑALES(II)

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
El paseo matutino 1
The man who shold the world
Bowie, D.
1999.


-¿A qué tipo de supuesto práctico se refiere?- preguntó con extrañeza.
-Confíe en mí-respondió.
-¿Por casualidad no querrá llevarme a la sesión en una panadería? Sé que suena extraño, pero ya sabe que mi "trastorno" se permite esas licencias.

El Doctor Quant la escuchó ojiplático primero, asombrado e intrigado después. No estaba seguro de cómo lo había conseguido, pero aquello era exactamente la clase de cosas que convertía sus hipótesis en conclusiones tangibles y veraces.

-¿Cómo sabía eso?- interrogó extrañado finalmente.
-No lo sabía, tiene usted una bolsa de pan en las manos- contestó. 
Sin embargo, en ese particular lenguaje corporal de Jana ambos eran conscientes de que ocultaba cosas.
Fuente imagen: Anchor studio
-Creí que...
-¿Qué lo había adivinado? ¿Qué le leía la mente? Doc, creo que mis visitas van a trastornarle a usted también- expresó con una risa forzada.
-Oh, comprendo...sí, sí, claro. Admito que pueda estar un poco sugestionado. Detrás de usted- Le dijo alargando la mano como invitándola a comenzar el camino.
-y ¿queda muy lejos la panadería?
-No, apenas a un par de manzanas de aquí- contestó ensimismado en sus pensamientos que retrocedían repasando varias de sus conversaciones.

Intentó que no se le notase mucho, porque el Doctor Quant llevaba largo tiempo aceptando el hecho de que aquella mujer evolucionaba mentalmente más que el resto de los humanos, al menos de todos los que él conocía. Todos menos, Tau. Otros pacientes daban un perfil suficiente. Transcurridas varias sesiones se descartaba dicha habilidad. La mayoría, trastornos fácilmente diagnosticables: bipolares, personalidad múltiple, trastorno delirante mezclados con delirios de grandeza u otras subdivisiones. La señora Abbot, por el contrario mostraba razonablemente la aceptación de su "trastorno" buscando la integración y la superación del mismo, abierta a la posibilidad de tratamiento. En términos generales ¿qué loco admite estarlo? Piénsenlo. Tómense unos minutos. ¿Ya? Sigamos.
Algo así le ocurría al panadero, cuando acudió a su consulta.
Ambos pacientes comenzaron las sesiones con actitud voluntariosa y colaborativa. Al conocerla a ella, cuasi de inmediato,  reconoció un patrón e inmediatamente pensó en Tau y pensó también por ello en la necesidad de un encuentro pseudocasual que pudiese ayudar a la señora Abbot. ¿Cómo? Ese era un terreno inexplorado....

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