UN VIOLINISTA EN EL TEJADO (I)

UN VIOLINISTA EN EL TEJADO (I)

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
El paseo matutino 1
Un violinista en mi tejado 1


-¿Querido?¿Querido? ¿Escuchas eso?

Las 2:45 de la madrugada del sábado eran exactamente cuando la señora Abbot zarandeó a su esposo que yacía plácidamente dormido.

-¿Qué?¿Qué dices Jana?-carraspeó entre dientes el Doctor Abbot intentando despegar sus párpados para abrir los ojos.
Fuente imagen: unikate-auction.blogspot.com.es
-¿No escuchas eso?-insistió la señora Abbot.

El señor Abbot se incorporó torpe y adormilado para encender la luz de la mesita de noche. Una vez hubo realizado dicha acción y, apoyado en el cabezal de haya macizo, tallado a mano por Amerindios que le regalaron para sus bodas de cobre unos colegas americanos del Stanford Hospital, cruzó sus manos entrelazando los dedos. Pasados unos segundos, con gesto ceñudo y con el dedo índice golpeando el nudillo de su homólogo en la mano izquierda, acabó diciendo claramente disgustado:

-¡Qué!¿Qué se supone que tengo que escuchar?

-Música de violín.

El señor Abbot, volvió a darle una oportunidad al caso y le prestó toda su atención auditiva.


- ¡Por favor, Jana! ¡No se escucha nada!-exclamó entrando en fase interpretablemente colérica.

El Doctor Abbot, en un gesto de rapidez magistral, alargó su mano izquierda golpeando rápidamente el interruptor de la lamparilla de noche y se acurrucó de forma lateral en la cama, dándole la espalda a su mujer y enfurruñado le espetó:

-¡Duérmete, haz el favor!

Pero Jana no podía dejar de escuchar a aquel violinista tocar insistentemente. Pasados quince minutos y, tras comprobar que el señor Abbot dormía plácidamente, optó por asomarse a la ventana.  Dirigió su mirada con el ojo bueno y el malo, a todos los posibles puntos cardinales,  además de inclinar su cabeza hacia abajo y hacia arriba. Definitivamente, y, pese a que se escuchaba alto y claro, allí no había nadie, su lupa no mentía. Al abrir la ventana y asomarse, aquel sonido musical se hizo más intenso. La señora Abbot intentó reconocer la pieza musical. Era "Tocata y fuga" en RE menor(esto lo supo después) pero con un violín. 

 -¡Asombroso!...-pensó.




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