EL PANADERO Y SU FALSO POSITIVO: DE LA GEOLOCALIZACIÓN INTERMITENTE Y OTRAS CUITAS.

EL PANADERO Y SU FALSO POSITIVO: DE LA GEOLOCALIZACIÓN INTERMITENTE Y OTRAS CUITAS.

Este es uno de los relatos que forman parte, por orden, de la serie La señora Abbot:
El paseo matutino 1


Eran aproximadamente las seis y media de la mañana del domingo. El doctor Quant, preocupado ante la imposibilidad de diagnóstico y viendo el perfil inusual que había tomado "la situación", decidió ir a visitar a uno de sus antiguos pacientes.

Ese antiguo paciente era Ataulfo o también conocido como el panadero matemático.
Ataulfo solía abrir el negocio los domingos.  A media persiana, para dar a entender elegantemente el "estoy pero como si no estuviese" realizaba, normalmente, la limpieza semanal pertinente y escaneaba el local en busca alguna chapucilla que enmendar. Aprovechaba también la excusa para permanecer a solas durante al menos hasta la hora de la comida. De esta forma conseguía conciliar vida laboral con la familiar, porque durante ese breve espacio de tiempo de que disponía, podía elucubrar, investigar y realizar experimentos para ofrecer mejores, más naturales y novedosos productos a sus clientes.

Ese domingo se encontró leyendo un capítulo de las Teorías del Todo, cuando escuchó tres toques rápidos y leves en la persiana.
Se acercó a la cristalera y se inclinó para ver si podía adivinar quién era el que se atrevía a andar por la calle un domingo y, a esas horas.


-Buenos días Tau, disculpe que aparezca en fecha y hora tan intempestiva.
-¡Hombre Doc!- exclamó gratamente sorprendido el panadero-¿Cómo usted por aquí? Hoy no tenemos pan, ni ensaimadas...sabe que es mi refugio y son mis horas.
-Ya, mire... no quería molestarle, pero es que creo que es una urgencia.
-¿Una urgencia?- preguntó intrigado- No sé en qué podría ayudarle un simple panadero como yo- prosiguió pensando en voz alta mientras se rascaba la cabeza.

Fuente imagen:lundlund.com
Conocía a la perfección qué hacía allí. La geolocalización mental funciona a la perfección en individuos como él, en cien kilómetros de distancia mínimo. Lo que ocurría es que le parecía algo inusual porque la señal era intermitente y por lo tanto no de fiar.

-Usted sabe a qué he venido, no quiera disimularlo. Sé que he tardado mucho, pero quería descartar otras posibilidades. Llego a la conclusión de que no puedo diagnosticar y es preocupante porque sabemos todos que es mejor un diagnóstico de transtorno antes que...

-Bien...no siga, será mejor que lo deje ahí. Está bien. Creí que era un falso positivo, pero veo que no- interrumpió el maestro panadero- Será mejor que no diga nada. ¿Podría...?

-Sí, creo que podría traerla un día a comprar pan y ver qué ocurre.
-¿Ha dicho "traerla"? ¿Mujer?
-Sí.
-Pero...nunca...antes...conocía... en otros países...pero...siempre habían...ya sabe…-siguió tartamudeando justificando el pensar que el encuentro iba a ser entre hombres.
-Ah ¿sí?, obviamente lo desconocía-interrogó sorprendido el Doctor- Aunque, comprenderá usted que, por mi propia seguridad, prefiera no saber nada más...
-Sí, sí, discúlpeme- acabó diciendo Tau tomando posesión otra vez de la compostura.
-¿Le parece bien?
-Me parece bien.
-¿Es necesario que le avise?
-No. Intenten venir en día festivo. De lo contrario sabe que puede haber demasiado flujo de información y podría llevarnos a equívocos.
-Otra cosa- comentó despacio el Doctor Quant- ¿podría quedarme? Sería interesante... ya sabe, como muestra científica.
-No lo sé, Doc. Es la primera vez que tendré contacto con alguien como yo-confesó-Deberíamos limitarnos a ver qué ocurre- dijo acompañándose de un suspiro conscientemente lento.











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