ALCOHOL, NO GRACIAS: VASOS COMUNICANTES Y EL TÚNEL DEL TIEMPO(I)

ALCOHOL, NO GRACIAS: VASOS COMUNICANTES Y EL TÚNEL DEL TIEMPO(I)


La señora Abbot acudió a la visita semanal, tal y como pactó con su marido y el Doctor Quant. Era viernes por la tarde. El tiempo no se limitaba a pasar, lo hacía a cámara super lenta. El sol brillaba como de costumbre en esa parte del Mediterráneo y Jana, mujer precavida donde las hubiera, a estas alturas poseía una gran colección de gafas de sol para seleccionar la más idónea en cada ocasión. Esa tarde se decantó por unas de forma cuadrada y color morado que se compró en una óptica abierta un domingo en las fiestas de la localidad.
Cuando hubo colocádose  las gafas, salió de su casa sin mirar atrás. Intentando ubicar sus ojos solo para lo que habían sido concebidos. Fue imposible. Mafi no le daba tregua. 
Nada más salir de allí, observó un camión que transportaba pescado. El aumento visual de la carga, fue tal, que, instintivamente se echó las manos a la cara y así evitar una posible descarga del mismo. Nada más erróneo. El camión siguió su camino y ella, guiñando el ojo, pudo disimular el error, subsanar la situación y no darle mayor importancia. Seguramente aquel aumento de tamaño tendría relación con algo,  pero...no le había dado tiempo a captar más cosas. Su cerebro debía centrarse en seguir andando.
Permaneció con el ojo izquierdo cerrado hasta llegar a la consulta. Del portal colgaba una placa metálica que rezaba "Doctor Quant". Psiquiatra especialista en trastornos delirantes. 


Ju Hong. Artista surrealista
Fuente imagen: www.justart-e.com
Artista: Ju Hong
-No sé si es una buena técnica de márketing publicitarse con ese lema, pensó mientras esperaba a que le abriesen la puerta.

La consulta, ese viernes estaba medio llena. A la hora prevista, en el minuto justo (el Doctor Quant era alemán y ya se sabe que los alemanes...) le hizo pasar a su despacho.

-Buenos días señora Abbot. ¿Cómo estamos hoy?
-Hola Doctor, Jana, por favor, llámeme Jana.
-Bien, Jana. Imagino que en este momento estará usted un poco disgustada.
-Acierta, Doctor. Ha sido muy difícil llegar hasta aquí-comentó quitándose las gafas de sol en ese instante.

El doctor pudo observar que permanecía con el ojo izquierdo cerrado:

-¿Qué le ha pasado? ¿Por qué tiene el ojo cerrado?
-Por un exceso de información visual.
-¿Otra vez? Creí que ya habíamos hablado de ello. Jana, la primera regla para poder curarse es querer curarse.
-Si yo quiero Doctor. Pero es que no depende de mí.
-¡Ah! ¿No? ¿Y de quién depende?
-De mis visiones en aumento. Van por libre...-farfulló- Ahora además creo que también tienen relación con otras cosas.
-¿Por ejemplo?
-Pues, verá, tengo la impresión de que voy a comenzar a visualizar, como se lo explico...vamos a ver... con modificación de color. Eso es... con los colores modificados-zanjó.
- Entiendo... exactamente ¿a qué se refiere cuando dice eso?
-Pues, verá, será una estupidez seguramente, pero, cuando he salido de casa, he visto un camión con una carga de pescado azul.
-Bien, es un tipo de pescado, no le veo ningún problema a eso.
-No, ni yo. El problema es que, además de verlo todo descomunalmente deformado,por un instante parecía que todo era azul.
-¿Cómo? ¿Dice usted no percibía nada de otro color que no fuese azul?
-¡Exacto! Ha sido una décima de segundo y no lo he reflexionado hasta un poco más tarde. En el momento no me ha llamado la atención...la verdad.

El Doctor Quant, cerró su libreta de anotaciones dejando el dedo índice como marcador de la página en la que se encontraba y procedió a realizar las preguntas que todos estamos esperando:

-Señora Abbot, permítame que le comente algo que parece obvio...¿ha acudido al oculista?
-¡Pues claro Doctor!
-¿Y?-interrogó expectante.
-Todas las pruebas al respecto, dentro de los niveles de normalidad.
-Entiendo...-expresó abriendo de nuevo la libreta para seguir anotando-Por lo que veo, su problema se agrava...- dijo entre dientes sin darse cuenta de que la señora Abbot le escuchaba perfectamente.
-Sé lo que opina Doctor. Soy racionalmente consciente de que todo es un producto de mi propia autoestimulación, hipersensibilidad e imaginación.
-No se preocupe. Es consciente de ello. Ya es un gran paso. Y, qué le iba yo a decir...¿ha tomado ya alguna medida al respecto, verdad?
-Sí.
-Eso está muy bien, Jana. Permítame...esto... comentarle...¿cuál?- preguntó haciéndose el despistado.

Ella debía ser la que respondiese al Doctor y asumir sus acciones para poder comenzar su proceso de rehabilitación para la vida normal (si es que eso era posible).
Así, tomando impulso, contestó:

-He decidido mantener cerrado el ojo izquierdo por tiempo indefinido.

El Doctor Quant, la felicitó efusivamente siguiéndole la corriente. De sobra sabía que aquella imposición no le duraría demasiado.






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